Ayuno Intermitente, por qué?

El ayuno intermitente es la forma más fácil de mejorar tanto tu peso como tu salud, aunque hasta acostumbrarnos tenemos que hacer un pequeño sacrificio.

Como ya sabemos, ayuno quiere decir no comer en un periodo de tiempo determinado. Nada de nada.

Ya en el paleolítico se practicaba el ayuno, aunque era de forma forzosa. Habían momentos de abundancia de comida (cuando cazaban una presa), seguidos de períodos de escasez. Vale, a lo mejor no es el ejemplo más adecuado, pero si seguimos un poco en la historia, Hipócrates (padre de la medicina moderna) era un fiel defensor del ayuno y lo prescribía en numerosas ocasiones, tanto es así que tiene un frase célebre:

“Comer cuando se está enfermo, es alimentar la enfermedad”. Hipócrates

Platón, Aristóteles, Plutarco también comentaban sus ventajas.

Pasó el tiempo y uno de los fundadores de América escribió: “La mejor medicina de todas es descansar y ayunar”, ¿sabes quién fue?, Benjamin Franklin.

Y podemos seguir con varios ejemplos más hasta la época actual, en la que estamos o estabamos ayunando sin darnos cuenta, La Cuaresma (católicos), Ramadán (musulmanes), Con Kippur (judíos)…

 

Importancia del ayuno

El cuerpo humano tiene dos formas principalmente de conseguir energía; a través de los hidratos de carbono o a través de la grasa. Nosotros preferimos los carbohidratos, pero tienen una cantidad máxima de almacenamiento, así que llega un momento en el que nos quedamos sin reservas y empezamos a utilizar la grasa, cosa que nos viene fenomenal para reducir un poco esa zonita que tenemos escondida.

Al no ingerir alimentos, los niveles de insulina se reducen (mejora la sensibilidad a la insulina) y la hormona del crecimiento aumenta (mantiene la masa muscular y densidad ósea).

Otro proceso que tiene lugar, si el ayuno es mayor a 16 horas, es la autofagia (comerse a uno mismo). Esto quiere decir que la basura del organismo (proteínas dañadas, virus, bacterias) se convierte en energía y el organismo se limpia a sí mismo.

 

Tipos de ayuno

Bueno, ya hemos visto las ventajas que tiene ayunar, pero claro, toca hacerlo. La suerte es que existen diferentes tipos, por lo que tenemos el nivel “acabo de descubrir este maravilloso mundo”, hasta el nivel “yo ya me lo sé todo”.

Aunque no te he dicho que hay un subnivel, jeje. Este se basa en conseguir 12, 14 horas sin comer. Dicho así suena un poco lejano, pero date cuenta que mientras duermes no comes, así que ya tenemos unas horas ganadas. El resto, pues un poco de aquí y un poco de allí, lo ideal es cenar sobre las siete de la tarde y desayunar a las siete, nueve del día siguiente.

Una vez que seamos capaces de un día o dos días alternos estar 12-14 horas sin comer ya podemos pasar de nivel.

Ayuno 16 horas

Consiste en estar dieciséis horas sin comer. Es decir, puedes hacerlo un día a la semana y otro día utilizar uno de los anteriores. La clave está en ir jugando con estos tres tipos (12, 14, 16) o incluso llegar al punto de estar los siete días de la semana con este tipo de ayuno.

No pienses que te quedas sin la cena, simplemente estos días la merienda será un poco más copiosa y la cena será  “caldo de huesos” sin límite de cantidad.

Ayuno 24 horas

Un día a la semana, un día al mes… Por ejemplo el domingo, tras una buena comida llegamos a la cena sin apetito, así que si resistimos ese momento con un gran tazón de caldo, vamos acumulando horas hasta el desayuno donde podríamos tomar  té o un café (sin azúcar, edulcorante…) durante toda la mañana, hasta la comida del lunes.

Ayuno 5:2

Dos días alternos de la semana tan solo vamos a ingerir 500-600 Kcal, mientras que los demás días no tienen ninguna restricción.

 

¿Cómo se ayuna?

Puede resultar una pregunta un poco extraña si tenemos en cuenta que ayunar es no comer nada, pero  tenemos muchas horas por delante en las que debemos buscar estrategias para afrontarlo lo mejor posible.

En primer lugar, vamos a seguir haciendo varias tomas al día, lo que el desayuno y cena serán líquidos.

A primera hora del día, podemos tomar una infusión de té (mejor japonés) o café. Este desayuno nos ayuda a seguir con nuestra rutina y reducir el apetito, incluso activar el metabolismo. Acuérdate que no se puede añadir azúcar o edulcorantes, pero si está permitido el uso de canela (de Ceylan).

Durante la mañana, bebe agua o si estás un poco apurado podrías tomar otra infusión o café, pero acuérdate de  mirar el reloj porque en breve ya podemos comer. 

El tipo de comida depende de tus gustos, del tipo de dieta que estés siguiendo, etc. EL AYUNO TAN SÓLO HACE REFERENCIA A LAS HORAS SIN COMER.

Tras la ventana metabólica (horas que puedes ingerir alimentos), nos quedaría comentar la cena, “caldo de huesos”. Consiste en un hervir carcasa de pollo, hueso de jamón, … con verduras y añadir sal. Este caldo es rico en minerales y colágeno por lo que nos ayuda a evitar la hiponatremia ( banda de tensión) y deshidratación.

Ah!, por cierto, si te apetece puedes tomar de postre una infusión.

 

Consejos

Bebe mucho agua durante la mañana o la tarde, esto evitará que tengas dolor de cabeza o calambres.

No salgas del ayuno con excesiva ansiedad. Tenemos muchos días por delante para volverlo a intentar.

Los suplementos los tomarás en la primera comida sólida que hagas. Mejorarás su asimilación.

Si notas molestias digestivas puedes probar a tomar piña o papaya en la ventana metabólica.

En los momentos que ingieras alimentos, escógelos bien, también es momento de cuidarte.

 

Hemos visto que el ayuno no es una cosa tan rara o tan complicada de hacer, así que te propongo agendar un día en tu calendario y probar, ¿qué opinas?.

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