¿Decido lo que compro?

Cuando tomamos una decisión de compra, nuestro cerebro repasa una cantidad difícilmente imaginable de recuerdos, hechos y emociones y las alinea en una única respuesta: “Si o no”. 

Existen rutas y procesos mentales que ayudan al cerebro a hacer una selección entre toda esa información y a decidir en milésimas de segundos, generando un sentimiento, positivo o negativo, y marcan una guía del proceso de decisión.

Estas rutas se pueden crear espontáneamente ( por la asociación del placer en la infancia: cuando mojas una galleta en cacao por ejemplo) o crearse.

Primera arma secreta

El olor, color, precio es lo primero a lo que nos tenemos que enfrentar.

En un famoso estudio, pusieron liquido limpiador con aroma a limón escondido en una habitación. La mitad de las personas voluntarias se alojaron en esa habitación, la otra mitad en una exactamente igual sin el limpiador. En primer lugar se pidió a los participantes que escribieran las tareas que tenían que realizar en ese día (un 36% de lo que escribieron  las personas alojadas con el limpiador estaban relacionadas con limpieza frente al 16% de las de la otra sala). Posteriormente se les ofreció unas galletas (objetivo real del estudio) y se observó cómo las personas que estuvieron en la sala con limpiador, dejaron caer muchas menos migas. Es decir, un simple aroma sutil de líquido limpiador hace que seamos más limpios.

El color tiene diferentes significados: el rojo, naranja y amarillo estimula el apetito, el azul, al no estar muy presente en alimentos, disminuye el apetito, el verde está relacionado con la salud y el gris hace referencia a producto en mal estado.

Se ha comprobado que un producto caro, por el mero hecho de serlo, predispone al cerebro al placer. O que cuando pagamos con tarjeta de crédito estamos más dispuestos a volver a pagar que cuando lo hacemos con dinero.

También hay que destacar la utilización de palabras como sano, natural, artesano o fórmulas como 0% ejercen un poder aún mayor en nosotros.

 

Entre el 70% y el 80% de las decisiones de compra se toman de forma inconsciente y la media que nuestro cerebro dedica a tomar una decisión de este tipo es de 2,5 segundos.

 

La publicidad engañosa

Se define como aquella que contiene información que podría resultar engañosa para los consumidores, al contener afirmaciones u omisiones explícitas o implícitas que es posible que dirijan mal a un consumidor a realizar una compra.

Para calificar una práctica comercial como engañosa se precisa que ocurran dos supuestos:

  1. La práctica debe contener la aptitud de inducir a error a sus destinatarios, que genere expectativas erróneas sobre la oferta realizada, independientemente de que se llegue a producir o no el engaño efectivo.
  2. Se exige la idoneidad o aptitud de la práctica para incidir o alterar de forma significativa el comportamiento económico de los destinatarios.

Alimentos funcionales

La industria que los fabrica, a través de su Food Information Council (FIC), los define como “aquellos alimentos que proporcionas beneficios para la salud más allá de la nutrición básica”

Un alimento funcional puede ser aquel que se le ha agregado un componente (zumo con calcio) o eliminado (leche desnatada) o se le ha modificado (preparado lácteo en el que se sustituye su grasa por grasa “saludable”, omega3).

Es muy conocido el caso del Actimel, enriquecido en vitamina B6, ¿sabes que el plátano aporta el triple?, entonces…. ¿puede ser el plátano un alimento funcional?.

Una cosa es un ingrediente beneficioso y otra un alimento. Y no consumimos ingredientes aislados, sino que consumimos el alimento entero.

 

Reclamo publicitario 

El esquema legislativo existente divide a los alimentos funcionales siguiendo el criterio de los ganchos publicitarios, (o reclamo como utilizan los textos normativos)’en:

  1. “Declaración nutricional”: cualquier declaración que afirme, sugiera o dé a entender que un alimento posee propiedades nutricionales benéficas específicas con motivo de aporte energético o nutriente ( bajo en grasa, bajo en azúcar, light, fuente omega 3, alto en fibra…).
  2. “Declaración de propiedades saludables”: cualquier declaración que afirme, sugiera o dé a entender que existe una relación entre una categoría de alimentos, un alimento o uno de sus constituyentes, y la salud ( yogur que se le ha añadido calcio puede mostrar el sintagma “fuente de calcio”).

Un estudio realizado en 2008 por CEACUU reveló que uno de cada tres productos etiquetados como saludables eran engañosos o inducían al consumidor a un error.

 

Todo esto es sólo la punta de un iceberg en la que la industria alimentaria nos influye a la hora de decidir nuestra compra y hábitos de consumo. Transforma un alimento que no es sano en otro que lo parece, disfraza un producto altamente procesado e industrializado en alimento campesino fresco y de producción local…

La consecuencia de este engaño, no solamente vulnera nuestro derecho como consumidor, sino que dificultan el desarrollo de una agricultura y ganadería familiar, ecológica y de circuito corto.

 

 

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