Intolerancia a la lactosa

La lactosa es un tipo de azúcar que se encuentra en la leche y otros productos lácteos. El cuerpo necesita una enzima llamada lactasa para digerir la lactosa. Por tanto, la intolerancia a la lactosa es la incapacidad de  digerir el azúcar de la leche o productos lácteos, debida a una carencia de la enzima lactasa.

Cuando la lactosa llega al intestino delgado sin ser digerida, no se puede absorber, por lo que sigue camino hasta el colon donde es fermentada por bacterias intestinales produciendo flatulencia, hinchazón, cólicos o diarrea.

Cabe destacar que todos tenemos un nivel de tolerancia (cantidad aceptada por el organismo). Así, puede que presentes síntomas si tomas un vaso de leche, pero no los presentes con medio vaso.

Además, la raza y la edad influyen en la producción de lactasa, puesto que los europeos tenemos un mayor nivel de tolerancia frente a los asiáticos, africanos y americanos y, la producción de esta enzima, se reduce conforme nos hacemos mayores.

La alergia a la leche de vaca es diferente a la intolerancia a la lactosa. Al contrario de lo que ocurre en la intolerancia a la lactosa, las personas con alergia a la leche de vaca pueden digerir la leche correctamente, pero las proteínas de la leche desencadenan una respuesta del sistema inmunitario.

Causas

 

Un 70% de la población mundial es intolerante a la lactosa. Esto es así porque el ser humano, a lo largo de su evolución de millones de años, nunca necesitó digerir la leche.

Fue en Europa del Norte y hacia los Balcanes, donde el hombre comenzó a consumir leche. Este hecho produjo una adaptación del organismo (una alteración genética) y una selección natural de individuos capaces de digerir la lactosa por estar mejor nutridos y mejorar su supervivencia.

Después de la lactancia (& primeros meses de vida), el ser humano sufre de forma espontánea una disminución progresiva de la enzima lactasa. La cantidad de lactasa que persiste tras esta regulación, determinará nuestra tolerancia a los productos lácteos.

Síntomas

Por lo general, los adultos solo desarrollan síntomas después de consumir más de 250 a 375 mL de leche. Algunas personas reconocen de forma temprana que la leche y otros productos lácteos les causan problemas gastrointestinales, y de manera consciente o inconsciente los evitan.

En un niño intolerante a la lactosa se produce diarrea y una falta de aumento de peso cuando la leche forma parte de su dieta.

Puede producir: hinchazón abdominal y retortijones, diarrea acuosa, flatulencia, náuseas, ruidos intestinales (borborigmos) y una urgente necesidad de defecar entre 30 minutos y 2 horas después de ingerir una comida que contenga lactosa. En algunas personas, la diarrea grave impide una adecuada absorción de los nutrientes porque estos son eliminados del organismo con demasiada rapidez. Sin embargo, los síntomas que resultan de la intolerancia a la lactosa son generalmente leves.

Diagnóstico

Se tiene sospecha que existe una intolerancia a la lactosa cuando una persona tiene síntomas después de consumir productos lácteos. El diagnóstico se confirma si en un periodo de prueba de 3 a 4 semanas con una dieta sin productos lácteos desaparecen los síntomas, y si estos reaparecen cuando la persona consume productos lácteos.

Las pruebas específicas rara vez son necesarias, pero en algunas personas se confirma el diagnóstico con una prueba de hidrógeno en el aliento.

En esta prueba, que dura 4 horas, las personas consumen una pequeña cantidad de lactosa medida de antemano. Antes y después de ingerir la lactosa, se mide la cantidad de gas hidrógeno en el aliento, en intervalos de 1 hora, porque las bacterias intestinales producen hidrógeno cuando digieren la lactosa no absorbida. Si la cantidad de hidrógeno en el aliento aumenta significativamente después de consumir lactosa, se considera que la persona es intolerante a la lactosa.

La prueba de tolerancia a la lactosa es una prueba alternativa, menos sensible, que actualmente rara vez se hace. Después de la ingestión de una cantidad determinada de lactosa, los médicos controlan los síntomas de las personas en cuestión y miden sus niveles de glucosa en sangre varias veces. Las personas que pueden digerir la lactosa no desarrollan síntomas y su nivel de azúcar en sangre aumenta. Las personas que no pueden digerir la lactosa desarrollan diarrea, distensión abdominal y malestar al cabo de 20 a 30 minutos como máximo y su nivel de glucosa en sangre no aumenta.

¿Debemos evitar el consumo de lácteos?

Desde el punto de vista nutricional, la leche aporta una gran variedad de nutrientes con un balance adecuado de proteínas de alta calidad, lípidos (ácidos grasos esenciales), minerales (calcio, potasio, magnesio, zinc y fósforo) y carbohidratos, por lo que no es recomendable eliminar totalmente el consumo de lácteos.

Recordar que se puede producir una adaptación del organismo, aumentando en cierta medida la tolerancia a los mismos. Así, podemos buscar la forma de eliminar los síntomas molestos, teniendo en cuenta que:

  • La leche en polvo, evaporada, condensada o concentrada, contienen más lactosa.
  • Yogures y quesos (curados) presentan una menor cantidad de lactosa.
  • Existen leches y yogures sin lactosa.
  • Alimentos precocinados, helados, pasteles… pueden tener en su composición , lactosa, leche en polvo, leche, suero lácteo, nata, por lo que es importante leer el etiquetado.
  • Tomar complementos de lactasa al mismo tiempo que se comen o se beben productos que contienen lactosa.

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