Sobrecrecimiento bacteriano (SIBO): síntomas, causas, dieta

En condiciones normales, en el colon es donde se encuentra una microbiota intestinal rica y diversa, llegando a 10-1012 UFC (unidades formadoras de colonias). El intestino delgado no debe albergar prácticamente bacterias, pues es una zona dedicada a la digestión y absorción de nutrientes.

A veces, como consecuencia de alteraciones en la válvula ileocecal  o síndrome del asa ciega, déficit de ácido gástrico, bilis y/o enzimas digestivas… comienzan a proliferar bacterias en el intestino delgado proximal (por encima de 105 UFC), generando diferentes alteraciones:

Alteraciones intestinales derivadas del acúmulo de gas

Estas alteraciones se asocian a molestias gastrointestinales:

  • Distensión abdominal.
  • Hinchazón (frecuentemente el vientre recuerda a la barriga de una embarazada)
  • Dolor abdominal.
  • Flatulencia.
  • Meteorismo.
  • Eructos.
  • Acidez.
  • Alteraciones del tránsito intestinal: Estreñimiento o descomposición (en función de los microorganismos presentes en el intestino delgado). Incluso esteatorrea.

Derivadas de la producción de metabolitos tóxicos

La microbiota presente en el intestino delgado, produce endotoxinas, compuestos bacterianos, etc. que promueven la producción de citoquinas proinflamatorias.

Estas sustancias dañan las microvellosidades de la mucosa intestinal (lugar dónde absorbemos los nutrientes) causando inflamación en el intestino y malabsorción, aumentando el riesgo de:

  • Deficiencias nutricionales, siendo las más comunes el déficit de vitamina B12, de vitaminas A, D, E y de hierro. Pudiendo aparecer anemia o alteraciones del sistema nervioso, por ejemplo. Los niveles de folatos y vitamina K son generalmente normales o elevados, dada la capacidad de las bacterias de sintetizarlos.
  • Intolerancias alimentarias: fructosa, sorbitol, lactosa, otros carbohidratos, histamina, gluten, etc. en función de las enzimas y transportadores que queden afectados, por el daño de la mucosa intestinal.
  • Astenia, causada por los déficits nutricionales.
  • Pérdida de peso, provocada por la malabsorción y los síntomas gastrointestinales que pueden provocar falta de apetito o evitación de la comida por el malestar que suele aparecer después de la ingesta.
  • Riesgo aumentado de infección por Cándidas y otras levaduras.

Derivadas de no atender y no tratar los síntomas anteriores durante largo tiempo

Pueden romperse las uniones entre los enterocitos apareciendo permeabilidad intestinal (intestino permeable o agujereado, conocido en inglés como Leaky Gut). Ante esta situación el contenido de intestino puede entrar en contacto con el sistema inmunitario y causar inflamación sistémica, elevando la probabilidad de aparición de enfermedades autoinmunes (enfermedad de Crohn, Colitis ulcerosa, etc.), alergias, afecciones dermatológicas, neurológicas o resistencia a la insulina, entre otros.

Causas del SIBO ¿Por qué aparece?

Causas anatómicas

  • Alteraciones en la válvula ileocecal o válvula de Bauhin. Cuando la “puerta” que separa el intestino grueso del delgado queda abierta (Síndrome de la válvula ileocecal abierta) es más probable que aparezca un SIBO.
  • Síndrome del asa ciega. En el cual parte del intestino delgado se forma una bolsa o asa en la que los alimentos se estancan siendo un ambiente ideal para que la microbiota prolifere.

Déficit de ácido gástrico, bilis y/o enzimas digestivas.

Éstas sustancias impiden que las bacterias colónicas lleguen al estómago e intestino. Por lo tanto, cuando su cantidad se reduce, existe mayor probabilidad de colonización de la microbiota en estas porciones del tubo digestivo.

Disminución de la motilidad intestinal (movimientos propios del intestino).

En condiciones normales, nuestro intestino lleva a cabo dos tipos de movimientos:

  1. Los asociados a la ingesta de comida.
  2. Los asociados a los periodos de ayuno, conocidos con el nombre de complejo motor migratorio (CMM). Estos movimientos se activan entre 2 y 4 horas después de haber ingerido alimentos y son importantísimos ya que su función es mantener la luz del intestino delgado despejada y “limpia” de bacterias procedentes de los alimentos, disminuyendo así el riesgo de sobrecrecimiento de la microbiota.

Estos movimientos pueden verse alterados por: la edad,  consumo de ciertas drogas o fármacos (anticolinérgicos, antidiarreicos, opiáceos como la morfina o codeína, etc.), diferentes patologías         (Hipotiroidismo, Celiaquía, Enfermedad Inflamatoria Intestinal, Síndrome del Intestino Corto, Obesidad, etc.)…

 

Tratamiento del sobrecrecimiento bacteriano

La tríada del tratamiento en el caso de SIBO consiste por un lado en tratamiento con antibiótico, por otro, en el abordaje nutricional para adaptar la alimentación y finalmente en una aproximación psicológica para la gestión del stress.

Dieta para SIBO

Paralelamente al inicio de tratamiento farmacológico es conveniente adaptar la alimentación. Para ello lo conveniente es que te pongas en manos de un dietista-nutricionista entendido en disbiosis.

Se han propuesto distintas dietas para el tratamiento del sobrecrecimiento bacteriano, pero la que tiene mayor aplicabilidad en la práctica clínica en nuestro entorno es la Dieta baja en FODMAPs.

Esta dieta limita el aporte de todos los azúcares fermentables que pueden ser usados por la microbiota como sustrato energético, por ello se considera una herramienta para disminuir su actividad. No obstante, sin estar asociada a tratamiento antibiótico, no erradicará el sobrecrecimiento.

La dieta baja en FODMAPs no está diseñada para seguirla toda la vida, sino que tiene carácter transitorio en su fase estricta (1-2 semanas) debiéndose progresar para evitar generar más disbiosis, pues sin fibra, la microbiota saludable se verá afectada y la recuperación puede verse comprometida.

Planifica tu dieta

Es indispensable el acompañamiento de un dietista-nutricionista para que pueda personalizarla a cada caso concreto y guiar en la reintroducción en función de la sintomatología presentada.

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